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La persona es el eje central

EUSKERA

La persona es el eje central de las organizaciones


En Calidad siempre andamos “enfrascados” en procesos, indicadores, objetivos,… todo ello sin olvidarnos de los planes para conseguir los objetivos, o bien cómo crear o utilizar alianzas. Es verdad que siempre estamos y trabajamos en estas cosas, pero nunca hemos de dejado de pensar en las personas.

Las personas son el fundamento de las organizaciones. En el caso de los institutos, de los centros escolares, todavía más ya que son esas personas las que van a transmitir el conocimiento y el buen hacer a las próximas generaciones.

Las personas son las que llevan a cabo las actividades que se recogen en los procesos, son las que persiguen los indicadores y las que tienen que intentar alcanzar los objetivos, por eso, creemos que: Las personas son el eje central y el agente activo de la innovación, del cambio y del progreso. Y para que esto se pueda dar, hacen falta cuatro ingredientes básicos: actitud, conocimiento, creatividad y compromiso. Sabemos que estos ingredientes no se dan por generación espontánea, por lo que habrá que fomentar y favorecer situaciones para que puedan surgir y reforzar estos cuatro ingredientes.

La actitud


La actitud es el elemento fundamental para que se pueda trabajar el cambio y la innovación. Por muchas habilidades que tenga la persona, si no dispone de una buena actitud, actitud positiva, será muy difícil, por no decir imposible, conseguir nada.

La actitud es el pilar en el que se fundamenta la propensión al cambio. Somos capaces de anticipar un rumbo a unas condiciones deseables, aunque suponga esfuerzo. Investigar e indagar sobre la actitud como inicio de un proceso hacia el cambio y la innovación será un pilar de capital importancia.

El conocimiento


A veces queremos (tenemos una actitud positiva) pero no podemos, nos falta el conocimiento. La actitud sin conocimiento se paraliza por la ausencia de criterios en la toma de decisión. Un mayor conocimiento de lo que se hace, de lo que se tiene que hacer o de lo que se quiere hacer, reduce la incertidumbre y la sensación de estrés. Por tanto, el conocimiento “nos permitirá” decidir y anticipar la dirección del cambio y la innovación.

La creatividad


Por otro lado, la creatividad se despliega partiendo de la actitud y de la combinación de otros elementos. Los dos criterios anteriores aseguran un buen trabajo, pero si queremos ir más allá, deberemos contar con la creatividad. Habrá que dejar espacios para plantear y visualizar nuevos escenarios con nuevas soluciones. Debemos estar dispuestos a pensar que hay cosas posibles, que hasta hoy parecían imposibles. Lo lúdico, lo inesperado, lo colaborativo o el sentido creativo de equipo deben incorporarse a los procesos creativos y de gestión.

El compromiso


Y, finalmente, si queremos trabajar con la innovación y los procesos de cambio, un requisito necesario es el compromiso con lo nuevo. No vale asumir cuestiones por el simple hecho de que lo hacen los demás. Debemos creer en esas nuevas formas de trabajo como consecuencia del cambio y la innovación para que todo lo realizado dé su fruto.

El compromiso es lo que permite superar las dificultades. El compromiso colectivo (más allá de la colaboración o participación) es algo imprescindible para el cambio.

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